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Prólogo de «Capbussades / Zambullidas»

CHAPUZONES EN LAS ZAMBULLIDAS

Versió en Català

El libro que tenéis en las manos es la consecuencia de un anhelo personal e intelectual que la autora ha querido ir desplegando a lo largo de los últimos años paralelamente a su actividad profesional. Mi aportación en este anhelo está ligada a las sesiones sobre poesía que desde hace unos cursos realizo en la Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonés, a las cuales Mireia Esteva asistió durante un par de años. Por esta razón muchos de los poemas que aparecen en este libro ya los había leído y habíamos tenido la ocasión de comentarlos, enmendarlos y ponerlos, si era necesario, cabeza abajo para hacerlos volver a renacer. Hoy que Mireia se ha decidido a abandonar definitivamente aquellos poemas y reunirlos en este volumen, no puedo sino expresar mi satisfacción por el hecho de sentirme un poco compañero de Mireia en toda esta aventura. La poesía de Mireia Esteva no es formalmente ostentosa ni está escrita en un lenguaje críptico que tense los límites del sentido. Quizá incluso encontremos en ella una cierta inocencia de madurez ante algunos hechos que aparentemente no habrían de ser en ningún caso inocentes. Pero esta inocencia es una máscara que a la autora le otorga una mirada como calidoscópica y le permite moverse por etapas y lugares diferentes de su vida. Siempre esta poesía se mueve entre dos planos paralelos: uno social y otro personal e íntimo. A veces esta hesitación no puede separarse y entonces nos hallamos en poemas que mezclan ambas realidades y acaban por devenir una suerte de autobiografía en clave literaria de una época y una generación. A un costado de la lectura y la interpretación de los poemas, me ha sido de una gran utilidad la lectura del relato autobiográfico «Con los ojos al descubierto» de Mireia, incluido en el libro Y no fueron marujas (Edicions Bellaterra, 2011. Olga Viñuales Sarasa, Coord.), que narra diferentes experiencias vitales escritas por mujeres nacidas entre los años 40 y 60 del siglo pasado, y que quiere ser un testimonio en primera persona de la transformación y revolución de la mujer a partir de la segunda mitad del siglo XX. En el relato de Mireia encontramos explicadas estas dos experiencias (social y personal), a que antes me refería, y se ve también cómo la parte más personal e íntima camina estrechamente ligada a una parte más social y generacional. Porque, en cierto modo, ahora que Mireia ya puede mirar atrás con una perspectiva histórica (parece, aquí,

la expresión bastante lapidaria, pero no se me ocurre otra manera de llamarla), su relato nos aporta una voz individual que habla de unos hechos y de unos momentos que ciertamente cambiaron el mundo, o nuestro trocito de mundo y de historia. Y todo eso,  aunque nos sorprende más desde este presente gris y marmóreo, porque ahora parece que nos quieran hacer creer que las cosas siempre han sido como son ahora o que son la consecuencia de un pasado próximo excesivamente libertario y permisivo, e incluso una buena parte del pensamiento que se tiene por progresista, feminista, humanista… (Bueno, ahora todo lo resumen en la palabra «liberal»), toda esta gente, decía, ahora utilizan la palabra «progre» con unas connotaciones claramente despectivas y hasta se vanaglorian de haber asumido los principios más cutres del capitalismo más desvergonzado; «ellos», que tanto lucharon por la libertad de «todo» de «aquí» y de «allá», pobrecitos, ahora están decepcionados con los «progres», y todo lo que les recuerde, aunque sea anecdóticamente, 68 y revolución es «progre» e «ingenuo». Yo creo que hay en todo esto un cierto júbilo maligno, „Schadenfreude“ le llaman los alemanes. Y hay también una evolución ideológica que erróneamente relaciona izquierda con juventud (e ingenuidad) y derecha con madurez (y verdad). Este planteamiento tiene hoy en día abundante cobertura mediática y se apoya en el Statu quo y los sistemas de poder que están del lado del capital y el dinero sucio.

La lectura, tanto de los poemas como de la narración que hasta hoy disponemos de Mireia Esteva, es una prueba irrefutable de que las cosas no nomás son contadas desde el costado del púlpito; el pueblo también sabe hablar, y predicar la palabra poética, si es preciso. El periplo vital de Mireia desde el exilio mexicano con su familia, el retorno a la España del «desarrollismo», la universidad franquista, los sindicatos de estudiantes, los viajes y todo lo que se estaba cociendo a finales de los sesenta, marcaron profundamente aquella época y también las que habían de seguir hasta arribar al momento del ahora-y-aquí. Y es evidente que Mireia, como tanta otra gente de su generación, es hija de un tiempo y de una manera de pensar de la que, si bien algunos han renegado haciendo uso de la conversión, otros siguen manteniendo con la convicción y la esperanza de que la justicia social y la libertad libertaria todavía son un objetivo de la humanidad y de sus manifestaciones sociales. Y en eso radica una gran parte del fondo de este libro: son zambullidas en la historia personal, que también es la historia colectiva, vista por alguien que ya desde muy pequeña pensó en la literatura para expresar sus emociones, se acercó al teatro y acabó en la ciencia y la gestión de recursos, y que ahora anuncia que quizá ha llegado a otra etapa: la etapa de la literatura que de chiquita ya había llamado a su imaginación de nena espabilada y mirada observadora. Este tal vez es su momento de escribir y la primera muestra aquí la tenemos.

Hay una cosa más que no quisiera olvidar antes de acabar este breve propósito de prólogo. Me refiero a la edición bilingüe que Mireia Esteva ha querido hacer de su libro de poemas. Y no es en vano que haya escogido para esta tarea al poeta y traductor mexicano Orlando Guillén, al cual tuve el gusto de presentarle y con quien ha podido compartir la lengua con que comenzó a escribir y leer en la escuela pública mexicana. La traducción de Orlando, un mexicano que, en cierto modo, también ha vivido su propio exilio catalán, un poeta que ha traducido a la plana mayor de la poesía catalana del siglo XX, es una divisa de Mireia Esteva hacia el país y la lengua que la acogieron en sus primeros años y un ligamen más entre las relaciones culturales de estas dos comunidades. Si alguien había de realizar esta traducción, ¿quién mejor que un mexicano de Acayucan (Veracruz) que se ha pasado casi media vida en Cataluña?

Con Capbussades / Zambullidas comienza la nueva etapa de Mireia, y de aquella podemos esperar más de una sorpresa; al menos a mí me lo parece.

¡Buen chapuzón!…

Andreu Subirats

(Traducción: Orlando Guillén)

Noviembre de 2013

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“Prólogo de «Capbussades / Zambullidas»”

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