Teniendo en cuenta que más del 50% de los catalanes está en contra de la independencia y que, de entre la población que votaría a favor, una parte importante votaría favorablemente un nuevo encaje de Cataluña en España, forzar un referéndum en estas circunstancias no sólo es ilegal, también lo hace muy poco ético. En el supuesto de que este referéndum se celebrase, es obvio que la población que no se siente identificada con la finalidad, con la forma en que esta se quiere llevar a cabo, o espera que alguien nos haga una propuesta seria, tendrá pocas motivaciones para ir a votar.

En el teatro nacional (Crónica Global, 7-7-2017)